lunes, 16 de enero de 2012

Un relato




Salió del ascensor de un hotel, una noche más, un trabajo más. Cada vez que terminaba, se decía, es el último, esté es el último y lo dejo. Pero la verdad, no sabía por qué seguía aceptando los trabajos. Tenía el suficiente dinero para retirarse, para dejar esa vida, para olvidarse de todo y comenzar una nueva vida lejos de tanta fealdad, tanta tristeza y tanta suciedad.

Esa noche sería su último trabajo.

Esa noche como en incontables ocasiones, había dejado dispuesto todo lo necesario para escapar, para huir. Llegó al que hasta esa noche había sido su refugio. Tenía preparadas sus pertenencias en una gran maleta y un bolso de mano. Toda su vida cabía en una maleta. Siempre viajaba ligera de equipaje. Pero tampoco es que quisiera llevarse mucho más, con cada cambio que realizaba, cada vez que dejaba atrás un trabajo dejaba atrás un poco de ella -mejor así, mejor me olvido de todo y comienzo de nuevo- se decía.

En muchas ocasiones tal era su afán de olvidar y comenzar de nuevo, que un día se levantaba con el pelo largo, rizado y moreno y a la mañana siguiente tenía el pelo más corto, liso y pelirrojo. Ya ni recordaba de qué color era su pelo original.

En otras ocasiones debía de ajustarse al perfil que el trabajo demandaba. Podía tener una apariencia más madura, más juvenil, más sumisa, más hostil. Y como con el pelo, ya ni recordaba cual era su alma, como se sentía ella sin el disfraz y cuál era su personalidad más allá del personaje que esa noche tenía que representar.

Horas antes había recibido la llamada del cliente. En su trabajo la discreción y el anonimato eran fundamentales y por eso siempre recibía las llamadas en teléfonos móviles desechables. Le dieron instrucciones precisas.

22:00 h p.m.
Gran Hotel del Este
Habitación 511
Señor X
Podrás retirar un sobre a tu nombre en la recepción del hotel una vez el trabajo este terminado
El “resto” es cosa tuya

No hubo preguntar por parte de ella, eran sus instrucciones, no tenía nada más que decir, esa era la única información que ella necesitaba saber -no me pagan por preguntar, no me pagan por conocer, me pagan por un trabajo, rápido y discreto-

Dos horas después estaba entrando en el hotel citado. Llegaba siempre con un par de horas de adelanto. Le gustaba examinar el lugar, comprobar las instalaciones. Retener mentalmente las entradas y salidas, la disposición de las habitaciones. Era un trabajo mecánico pero necesario para la buena ejecución del trabajo.

Cinco minutos antes de la hora señalada llamó a la puerta de la habitación 511. Salió a recibirla un hombre. Ni alto ni bajo, ni delgado ni gordo, ni guapo ni feo. Un hombre sin ningún rasgos significativo. Un hombre más. Un trabajo más.

Entró en la habitación sin mediar palabra, de nada importaban los 5 idiomas que ella domina, total, no cobra por hablar. El hombre sonrió y le ofreció una copa de Moët Chandon, ella en ese momento sólo dijo

-No gracias, se lo agradezco pero no bebo cuando trabajo. El alcohol me nubla la vista. Voy al lavabo a prepararme. Póngase cómodo. No tardaré-

Entró en el lavabo, se quitó el abrigo negro trescuartos que llevaba, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro de una gran bolsa que extrajo del bolso de viaje que traía consigo al llegar. Fue desvistiéndose sin mucha prisa, los zapatos altos de tacos, la falda negra, el jersey azul y por último las medias. Todo ello fue guardándolo en la bolsa de plástico. Cuando hubo terminado de desvestirse, saco del bolso otra bolsa que sustituyo por la que acabada de llenar con su ropa. Saco unos vaqueros, un  jersey de rayas, un par de calcetines de cocodrilos verdes,  unas deportivas y una cazadora de cuero marrón. Sacó una goma y se hizo una coleta en su larga melena morena que hasta ese momento lucía suelta.

Preparó cuidadosamente su nueva indumentaria. Los detalles son importantes se decía.

Salió del lavabo con la nueva ropa puesta y todo lo que hasta ese momento llevaba, cuidadosamente dispuesto en una bolsa de plástico dentro de su bolso de viaje.  

El hombre estaba sentado en la cama, sólo llevaba los calzoncillos que no tardó mucho en quitarse.

-Veo que has preparado un numerito, no hace falta que te molestes nena, con una buena mamada me apaño y después ya veremos lo que hago contigo-

-Como desees- contesto ella

Se acercó a la cama, cogió uno de los almohadones y lo dejo caer al suelo. Se arrodillo  frente a él. Le miró a los ojos y sin mediar palabra se llevó una mano a la espalda y saco de la cinturilla de su pantalón vaquero una Glock G17, colocó el almohadón sobre la cara del hombre y disparó.

Salía de la habitación 511, tres horas después de haber llegado al hotel. Llevaba con ella el bolso de viaje. En la habitación, de su presencia sólo quedaba el eco del disparo, unas cuantas plumas aún flotando en el aire y el cuerpo sin vida de otro trabajo más.

Pasó por la recepción, retiró el sobre que habían dejado a la atención de Sra. Synd. Dio las gracias en un más que correcto Sueco, tomó un ascensor y se dirigió a la zona de servicio que se encontraba en las plantas bajas del hotel. No tardó en volver a encontrar una de las salidas de mercancías, ya había pasado por allí casi 3 horas antes, había buscado posibles vías de escapa por si el trabajo se complicaba, había tomado referencia de todas y cada una de las escaleras y dónde conducían. Entró en un vestuario de mujeres situado en la planta subsotano  y sacó de una bolsa de plástico una peluca de pelo corto y rubio. Esa operación sólo le llevó dos minutos. Todo estaba cronometrado al segundo, en las dos horas que había permanecido en el hotel antes del trabajo, había realizado la misma operación no menos de seis veces y todo estaba saliendo como ella lo había planeado.

Por fin salió del hotel a la hora que en su plan estaba marcada. Caminó durante seis o siete manzanas, era una noche agradable para paseas. Después de eso tomó un taxi, le dio una dirección que estaba a diez minutos de su refugio y caminó el resto del trayecto.

Entró en la casa sin recuerdos. Extrajo de uno de sus bolsillos del pantalón el único casquillo que podría haber sido una prueba de su presencia en la habitación 511 y lo metió en una pequeña bolsa de plástico que introdujo dentro del bolso de viaje con el que llevaba cargando todo el día y parte de la noche. Se preparó una taza de café, un whisky y se fue a la cama. Como en ocasiones anteriores no le costó conciliar el sueño. Al fin y al cabo su trabajo no era más que eso… trabajo.

A la mañana siguiente recogió la taza de café y el vaso de whisky, los metió en una bolsa y después los echo al bolso. Quitó las sábanas de la cama. Las metió en la lavadora, llenó el cajetín destinado al jabón con lejía puso el programa más largo a temperatura máxima y salió de ese apartamento.

Paso por conserjería liquidó la cuenta del alquiler y salió de allí con lo mismo que había llegado dos semanas antes. Una maleta y un bolso de mano.  Este tipo de alquiler de apartamentos en muy apreciado por aquellos que están de paso en ciudades grandes y que no les gusta la frialdad de los hoteles y desde luego para ella eran la mejor opción.

El mismo día del trabajo había pasado horas limpiando el apartamento, todos y cada uno de los rincones del pequeño salón, la habitación, el lavabo, el inodoro, la ducha, todo para que no quedase rastro de su presencia, aunque era más un ritual que una probabilidad. Así mientras limpiaba, repetía mentalmente el plan una y otra vez. Ella era muy rigurosa con sus trabajos y sabía que sería muy difícil que nadie pudiese relacionarla. Además, por las huellas estaba más que tranquila, se había automutilado quemando con ácido la punta de sus dedos hacía ya más de 10 años.

Se dirigió en taxi al aeropuerto.

Antes de ir al control de embarque, deposito en una de las papeleras que se encontraban en los lavabos de señoras, la bolsa de ropa que llevaba al llegar al hotel, la peluca rubia, la Glock y una nueva bolsa con la ropa que llevaba al salir del hotel. Después se dirigió al control de embarque con un pasaporte nuevo, una nueva identidad, el resguardo de su billete de ida  a Paris y desapareció.

Una semana después estaba desayunando en una cafetería Parisina mientras con el portátil leía los digitales del país que una semana antes había dejado atrás. Así rezaba uno de ellos

Continúan las investigaciones para esclarecer los hechos del asesinato del Sr. X. La policía continúa sin indicios y no han aparecido testigos que puedan arrojar luz en el caso.

El ya de por sí mediático caso que hace más que un año llevó a la policía local a detener al Sr. X por la brutal violación y asesinato de una niña de 14 años, continúa ocupando los titulares de innumerables publicaciones, incluso se pueden leer las declaraciones de los familiares de la niña asesinada

Justicia divina, lo que le ha pasado a ese canalla es justicia divina, no me devolverán a mi niña, pero al menos el infierno tiene un nuevo huésped

Y puede leerse más

El alto ejecutivo de una multinacional el Sr. X fue acusado y detenido, pero tras el cumulo de errores en la actuación policial junto a la mala praxis por parte del fiscal, obligaron al magistrado a dejar en libertad con cargos al presunto asesino. Las autoridades locales creen que podría tratarse de un “ajuste de cuentas” ya que la victima también estaba presuntamente involucrada en el blanqueo de capital y tráfico de estupefacientes.

Siempre veía estas cosas, días o semanas después y siempre se decía lo mismo -ha sido el último, no voy a volver a trabajar- pero cuando leía las declaraciones de los familiares de las víctimas de esos monstruos, siempre volvía a aceptar. Otro trabajo, otro cliente, otra ciudad, otro país, otro miserable al que limpiar y otra familia que después de años volverá a dormir en paz.

FIN

¿Qué tal me ha quedado?

6 comentarios:

  1. Muy entretenido Princesa!!! Me ha encantado!

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    1. Gracias Mara, no se... no se... seguro que se puede mejorar pero para ser el primero no quedo mal del todo

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    1. Gracias Irene, me gusta que te guste. Gracias por el comentario

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  3. Me ha gustado mucho, artistaaaaaaaaaaaaa!!!!

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  4. Me alegro que te guste. Tengo en mente otro.....

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